ATISBO DIVINO
Sintió que se mezclaba el calor y el frío en su piel sin poder controlar la urgencia de su aliento ni las fuerzas de su cuerpo, ni el frenesí de su corazón. Dejó de oír el traqueteo de la lluvia golpeando el cristal de la ventana. Solo era consciente de las sensaciones de su ser. Sus manos enloquecidas se aferraban como garras crispadas a cualquier lugar donde pudiera agarrarse con fuerza.
Sus pensamientos cesaron. Su torso se dobló por la cintura en un espasmo que la dejó sin aliento, más un gemido surgió desde lo más profundo de sus entrañas. Cerró los ojos con fuerza y vio luz y sintió calma y sensaciones que no se explican con palabras. Completamente vacía de cualquier emoción negativa, ni turbio pensamiento arqueó la espalda y estiró su cuello llevando hacia atrás la cabeza sin dolor alguno. Una absoluta paz la envolvía y la llenaba sumida en un estado de ensoñación y placer extremo.
Sus pensamientos iban regresando a medida que los espasmos amainaban y su respiración se hacía más regular y en medio de ellos uno llamó su atención y tendida aletargada en la cama con uno de los pechos descubiertos, mirando el techo de la alcoba lo retuvo y lo repasó en su mente.
“Muero y renazco. Y juro por Dios que el instante de increíble y efímera intensidad entre un suceso y otro cuando siento que el mundo desaparece es la pequeña porción de nuestra divinidad. Ésa a la que llaman Alma y se nos fue concedida”
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