"EL GRITO" EDVARD MUNCH
Nunca osaría mentirle, amigo mío. Tan sólo te confesaré, que jamás
olvidaré los rostros congelados en eternos gritos de desesperación, de esas
personas desconocidas e inquietantes, que se colaron como
oscuras sombras en mi sueño. Aterrorizada y angustiada seguí
soñando hasta el amanecer, sin poder despertarme,
entre gritos y desvaríos me encontraron, mientras se desvanecía la
oscuridad de mi habitación.
Rosas. El perfume intenso de rosas inundó mis gritos
en mi desesperado despertar de tan amargo sueño. Con
sus imágenes aún en mis retinas corrí hasta abrir las
puertas que daban al balcón con el corazón desbocado. Oyendo
ulular al viento respiré profundamente y sentí el aire puro
en mis pulmones y fui recuperando el aliento y la cordura.
Sus insistentes cartas de preguntas son para mí como abrir
tumbas, que a mi juicio, no deben ser jamás
abiertas ni molestadas, bajo ninguna circunstancia.
Susannah, estaba dando golpecitos inconsciente con el bolígrafo al bloc de notas mientras pensaba. Estaba parada frente al cristal protector de una hoja de cartas y un sobre carente, ambas, de información que pudiera arrojar luz sobre el remitente. Firmada con una simple inicial: L . Dirigida a Edvard Munch. Leía con atención cada palabra sintiendo cada vez más y más curiosidad.
Esto es todo un enigma, pensaba, mientras su mirada iba desde la carta hacia el cuadro que estaba, protegido también, justo encima. Sumida en sus pensamientos, preguntándose que escondían aquellas palabras…
- Siempre tan inquietante, ¿verdad? -- La voz, aunque la reconoció al instante, la sobresaltó.
- ¡Luka! ¡Me has asustado! -- le espetó molesta a un joven alto y desgarbado.
- Me alegro. Esa era la intención -- dijo sonriendo.
- ¡Já! Muy gracioso.
- ¿Qué haces aquí? Creí oírte que no ibas a venir.
- Dije que no vendría con la clase. No necesito a la señorita Parlov de guía explicándolo todo con su voz irritante y chillona.
- ¿Ah… no? ¿Tanto crees saber, Pecas?
- ¿Pecas…? -- se giró indignada -- ¿Pero cuántas veces tengo que repetirte…?
- Ya… ya… Lo siento… lo siento… -- La interrumpió él alzando las manos a la defensiva -- Solo bromeaba, tranquila.
Susannah le dio la espalda enfadada con la intención de ignorarlo. Luka la miró divertido. Eran amigos de la infancia y compartían incluso la misma clase en el instituto. Él sabía que aquello era importante para ella, así que pensó no hacer más bromas. Miró el cuadro unos minutos, junto a ella y en silencio, hasta que no pudo aguantar más.
- ¿Por qué te gusta tanto? -- Ella no contestó. La miró y sonrió con una mirada cómplice -- Vamos Susi… Ya me he disculpado…
- No lo sé -- Contestó resoplando de malhumor -- Me intriga, supongo.
- Ya. Pero, ¿por qué precisamente este cuadro? -- preguntó mientras miraba alrededor y alzando los brazos, añadió -- ¡Este es el Museo Nacional de Oslo por Dios!... Aquí hay muchísimas… no sé… “cosas” intrigantes, pero… -- hizo una pausa mirando al cuadro y después a ella -- …este cuadro tiene algo que te hace venir hasta aquí cada vez que puedes para quedarte parada releyendo una y otra vez ese testamento…
- Carta - lo corrigió ella en seco.
- Bueno carta… o lo que sea… y yo… yo… -- Luka bajó los brazos y la mirada como un hombre sin argumentos.
- ¿Y tú qué? -- Lo desafió ella.
- Nada -- Contestó rindiéndose. Sabiéndolo. Ese cuadro era más poderoso que él. Ella prefería estar allí que en cualquier otro lugar… que en sus brazos, por ejemplo.
- Ya decía yo -- Añadió ella altanera, pero con un atisbo de tristeza en los ojos que, Luka no vio.
Susannah decidió no hacerle caso. Ignorarlo hasta que se cansara y se fuera. ¿Para qué presionarle?, se preguntó a sí misma. Él nunca tendrá el valor de gritar que me quiere, fue su respuesta. Decidió callar. Decidió seguir leyendo la carta, hasta el final.
Mirando con atención este punto, le ruego apelando a la amistad
entre nosotros, que me comprenda, si contesto que no quiero evocar mis
jadeos entre las sábanas, empapada en sudor y
oliendo, no sólo, el miedo en mí, sino el penetrante olor de
rosas pudriéndose. Las náuseas me invadieron y con apenas un
atisbo de voluntad, conseguí despertar y respirar aire fresco.
Nuestro secreto será, pero no me pida indagar más. Siento
terror hasta de mi propia sombra y de mi propio reflejo
en el espejo. Se lo suplico, olvídese de todo eso y deje que siga
el camino que debía haber emprendido hace días. Olvide ese
lúgubre sueño y venga mañana a la posada del cruce cerca del
túnel, a despedirse, como hacen los amigos queridos. Pues
entre nosotros, debería ser así. No obstante, le ruego no me obsequie
rosas, esta vez en su visita. Ya no puedo soportarlas, sobre todo las
rojas. Color que los eruditos relacionan con la pasión y el amor. Pero
olvidando, estos pequeños detalles, le repito mi queridísimo, que haciéndome
recordar, no conseguirá devolverla a la vida, ni consuelo alguno. Le espero.
- ¿Quién escribió esta carta? ¿Y esas palabras “devolverla a la vida” en las últimas frases? - preguntó Luka intrigado también, además de intentando actuar con normalidad.
- Se cree que la envió una amiga muy querida de Munch - le contestó ella.
- ¿Una novia?
- No se sabe. El sobre de la carta viene sin remitente y la firma es una simple inicial. Nadie ha descubierto aún a quien pertenece.
- ¿Ese es el misterio?
- Uno de muchos.
- ¿No me vas a contar nada más? - dijo sonriendo mientras la miraba poniendo su cara de cómplice, que hasta ahora, nunca le había fallado. Y esta vez tampoco lo hizo. Susannah sonrió y después suspiró.
- ¡Ay, Luka! No tienes remedio. - Ambos se miraron y sonrieron - A ver… - dijo ella, finalmente, volviéndose otra vez al cuadro - La mayoría lo tienen bien claro, por un escrito que dejó el pintor. En él, relata que paseando con unos amigos, de repente sintió una sensación de ansiedad y de cansancio que describió como un grito infinito que traspasaba la naturaleza.
- ¿Y tú que opinas?
- No lo sé. Hay otro dato a tener en cuenta aparte de ese relato, tan pequeño, que parece un apunte.
- ¿De qué se trata?
- Bueno, también hay constancia de que este cuadro, que es el original, pues existen varias versiones, fue parte de un conjunto de seis piezas que fue titulado: Amor.
- ¿Amor? - preguntó Luka sorprendido - ¿A ti esto te parece amoroso?
- No seas, tonto. Claro que no. El conjunto completo trataba de proyectar las diferentes etapas del amor. Desde el enamoramiento, simbolizado con un cuadro titulado: Desesperación; Hasta este cuadro que simbolizaba el fin de la relación.
- Va a resultar que terminaré interesándome por su historia. - sonrió - ¿Y a ti qué te hace sentir?
- ¿Cómo te lo explicaría…? - meditó Susannah - A mí me transmite muchísimos sentimientos… Miedo, terror, dolor,… pero también, de alguna extraña forma, hay algo… - suspiró - No sé si se trata de amor o de lástima o tristeza… pero es algo que me hace estremecer.
- Entonces,… ¿qué tiene que ver la carta con el cuadro?
- La fecha del sobre indica que fue después de la muerte de su hermana Laura y fue encontrado junto a una foto de ésta. La verdad es que no sé muy bien por qué llegaron a la conclusión de que ambos están relacionados.
- Sí que es raro, sí - dijo Luka cavilando.
- Pero eso no es lo que me intriga - dijo Susannah de pronto. Él la miró muy interesado y sorprendido. Observó el brillo de sus ojos, tan intensos que parecía antinatural.
- Entonces… ¿qué es?
- El sueño.
Luka no dijo nada. Por una vez, prefirió el silencio. Miraba el cuadro. Releía la carta. De repente el tiempo dejó de importarle. El sueño, pensaba, es cierto… ¿qué vio la autora de la carta en el sueño?... ¿Acudió el pintor a la cita?... Y si lo hizo, ¿ella se lo contaría al final? ¿o no?...
Permanecieron juntos, haciéndose preguntas y cavilando las respuestas. En el horizonte el cielo empezó a teñirse de lenguas rojas como el fuego. El sol se estaba poniendo. Pronto el museo cerraría. Y en algún lugar del mundo, alguien, estaría profiriendo un grito.

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